INTERNACIONALES
REPUBLICA DOMINICANA.- Un niño atado a un palo, gente hacinada y restos de carpas incendiadas por una protesta forman parte del paisaje del principal campamento panameño para migrantes irregulares, varados por la pandemia de coronavirus en un clima creciente de crispación e incertidumbre.
En La Peñita, pequeña comunidad indígena en la provincia selvática de Darién, fronteriza con Colombia, donde se erige un albergue para migrantes, se respira angustia y desolación.
En ese poblado de 200 habitantes ahora deambulan por sus calles de tierra 1.500 migrantes, principalmente de Haití, Cuba, Bangladés, Nepal, Congo, Camerún e India.
La situación es tensa tras los incidentes registrados durante una reciente protesta de los migrantes para exigir que les dejen continuar su ruta hacia Estados Unidos y México, pese al cierre de las fronteras centroamericanas por la situación sanitaria.
“Nosotros estamos muy mal aquí. Llevamos siete meses sin hacer nada, vivimos mal. No quiero vivir en Panamá, yo quiero ir a Costa Rica y seguir a México”, clama la haitiana, Eveline Louima.
FUENTE. AFPS
































































