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Un experto en desactivación de bombas y la policía israelí trabajan junto a un autobús dañado tras una explosión en una parada de autobús en Jerusalén, el 23 de noviembre de 2022. © Ronen Zvulun / Reuters
Las detonaciones tuvieron lugar sobre las 7:00 de la mañana, una en la entrada de acceso a la Ciudad Santa y otra en Ramot, en el Este ocupado. La Policía israelí, que resaltó que no se presenciaba un «ataque coordinado» de este tipo en Jerusalén en «muchos años», cree que una pequeña «célula terrorista» estaría detrás de estos dispositivos. La relación con los autobuses, que fue un objetivo a inicios de los 2000, devuelve a la memoria la Segunda Intifada.
Dos explosiones, en dos accesos de entrada a Jerusalén, sacudieron este 23 de noviembre a la eterna urbe en disputa, devolviéndola al recuerdo de los atentados contra autobuses de la Segunda Intifada (2000-2005).
Temprano, entre las 7:00 y las 7:30 pasadas, una primera explosión ocurrió en una de las paradas de autobús de Givat Shaul, próxima a las estaciones centrales de buses y trenes, además de ser el principal paso occidental a la ciudad, lo que causó heridas a al menos 12 personas (18, según medios israelíes).
Entre estas, una víctima fue declarada muerta poco después en el hospital –se trata del adolescente Aryeh Shechopek de 16 años y con ciudadanía israelí-canadiense–, dos se encuentran en condición crítica y otras dos en estado grave.
La segunda detonación, que fue de menor impacto y ocurrió de forma seguida, tuvo lugar en otra parada del cruce de la colonia de Ramot, en Jerusalén Este ocupado. Allí tres personas (cinco de acuerdo a los medios israelíes) sufrieron heridas leves debido a esquirlas, como averiguó la agencia EFE a través del equipo de urgencias médicas United Hatzalah.
Tras lo sucedido, los helicópteros dieron cuenta de la movilización de la Policía israelí que, mientras persigue a los posibles sospechosos, analiza los escenarios afectados bajo la pregunta de si fue un «ataque terrorista» de carácter «coordinado», por las distintas cargas explosivas. Algo que, parafraseando al portavoz Eli Levi, sería el primero de esta índole en años.
«Es un escenario que hace muchos años nos veíamos, con dos explosiones consecutivas. Inspeccionamos cada autobús. Puede tratarse de un solo atacante que activó ambas bombas o pueden ser dos personas», complementó el jefe de policía israelí, Kobi Shabtai.
Reminiscencia israelí a los sangrientos años de los ataques suicidas
Hace «muchos años», en concreto más de 20, los ataques suicidas en los autobuses eran habituales y se convirtieron en una referencia durante la época del levantamiento palestino.
Esta memoria sangrienta ha despertado miedo en la población, que está en máxima alerta ante el corte de vías de acceso a Jerusalén y despliegue de unidades caninas y efectivos. Pese a todo, la evaluación inicial desde Defensa apunta a paquetes o mochilas bomba colocadas por «una célula de varios terroristas que conocían bien el terreno y planearon estos ‘ataques’ con mucha anticipación».
Aunque se cree que estos paquetes fueron activados por control remoto y que tal vez uno de ellos contenía clavos para potenciar los daños, todavía no se han confirmado estas conjeturas. Lo que sí afirma Defensa es que la «célula» de militantes palestinos –más probablemente de origen en Jerusalén Este, por la dificultad de introducir bombas desde Cisjordania– no habría operado bajo las órdenes de un grupo terrorista mayor.
Y ninguno, por ahora, ha alzado su voz para reivindicar ambas explosiones. Solo, como es común, Hamás y la Yihad Islámica aplaudieron los ataques y los atribuyeron a una «respuesta natural» por «los crímenes de la ocupación (israelí) y los colonos», en un año que está concluyendo como uno de los más violentos, con más represión israelí y muertes de palestinos en Cisjordania ocupada desde 2015 (ya son más de 200).
Felicitamos a nuestro pueblo palestino y a nuestro pueblo en la ciudad ocupada de Jerusalén por la heroica operación (…) El mensaje ante la ocupación es que el pueblo palestino sigue en el camino de la resistencia», expresó en un comunicado el primero de los grupos islamistas. El segundo lo definió como «un mensaje a los líderes de la derecha israelí, (Itamar) Ben Gvir y (Bezalel) Smotrich, de que no callaremos ante la agresión».
En la otra balanza, Naciones Unidas, la Unión Europea y países como Canadá, Ucrania y, por supuesto, Estados Unidos a partir de su embajador Tom Nides, calificaron los hechos de «condenables» y «cobardes».
Fuente EFE































































